No hace falta una declaración interminable. Con una línea (tu título + 2-3 áreas fuertes) alcanza para que quede claro qué puesto buscás y hacia dónde vas — es lo primero que se lee, y define si el resto del CV se lee con atención o por arriba.
No alcanza con "Empresa + puesto + fechas". Cada experiencia necesita qué hacías y qué aportaste — con números cuando se pueda: "Reduje el tiempo de cierre un 30%" pesa mucho más que "Encargado del cierre contable". Es el bloque que más pondera en nuestro motor de compatibilidad.
Son las capacidades que aplicás en tu trabajo — no una lista genérica ("proactivo", "trabajo en equipo") sino las técnicas puntuales que un reclutador o un filtro ATS busca por nombre: el software, el método, el lenguaje.
Los programas, plataformas o sistemas concretos: Excel, SAP, Figma, Jira, lo que corresponda a tu rubro. Muchos filtros ATS buscan justamente estos nombres propios — si tu CV no los menciona, ni pasa el primer filtro aunque los sepas usar.
Formación, cursos, idiomas y certificaciones — no necesitás poner todo lo que hiciste en tu vida, necesitás lo que sea relevante para el puesto al que apuntás. Menos, pero relevante, gana siempre contra más, pero genérico.
Un CV no es el que tiene más información.
Es el que se entiende en 10 segundos: quién sos, qué sabés hacer y qué buscás.
Francisco revisa tu CV a mano, calcula tu score ATS real y te entrega un informe con lo que hay que cambiar — o te prepara para la entrevista con el simulador de Mentoring.